La broma literaria que hizo pensar que Hansel y Gretel eran reales

La broma literaria que hizo pensar que Hansel y Gretel eran reales

La broma literaria que hizo pensar que Hansel y Gretel eran reales

Hansel y Gretel ilustrado por Theodor Hosemann (Fuente).

Pocos cuentos de hadas son tan conocidos como el de «Hansel y Gretel» de los hermanos Grimm. Publicado por primera vez en 1812, el cuento ha sido interpretado, adaptado y parodiado infinidad de veces a lo largo de los años. Solo así se puede comprender la reacción que tuvo lugar cuando en 1963 un escritor alemán afirmó haber descubierto la verdadera historia detrás de la ficción.

Según el libro, Die Wahrheit über Hänsel und GretelLa verdad sobre Hansel y Gretel‒, los dos hermanos eran panaderos que vivían en Alemania a mediados del siglo XVII. Ambos asesinaron a la bruja, que en realidad era una habilidosa pastelera, para robar su receta secreta de lebkuchen, una delicia tradicional similar al pan de jengibre.

En el libro se publicaba además de un facsímil de la receta original, fotografías que demostraban que todo era real. La verdad sobre Hansel y Gretel causó sensación. Los medios más importantes del país se hicieron eco de la noticia.

El diario de Alemania Occidental Abendzeitung lo calificó como libro del año e incluso de la década en noviembre de 1963. El berlinés Zeitung, de Alemania del Este, publicó la noticia bajo el titular «Hansel y Gretel, ¿un dúo de asesinos?».

La noticia no tardó en traspasar las fronteras alemanas y varias editoriales extranjeras comenzaron a trabajar en la traducción del libro. Incluso empezaron a organizarse excursiones, algunas de ellas de escolares, a los bosques de Spessart, en los estados de Bavaria y Hesse, para ver los cimientos recién descubiertos de la casa de la bruja.

Sin embargo, el libro resultó ser un engaño literario urdido por Hans Traxler, un escritor alemán y dibujante de libros infantiles conocido por su sentido del humor. Según la Dra. Claudia Schwabe, investigadora de cuentos de hadas en la Universidad Estatal de Utah, el engaño fue tan elaborado que consiguió engañar a muchos expertos y académicos.

La historia se desarrolló de la siguiente forma: a principios de 1963, Traxler había leído Gods, Graves, and Scholars: The Story of Archaeology de CW Ceram. Este libro, publicado en 1949, había puesto de moda la arqueología en el mundo de la posguerra. Inspirándose en él, Traxler escribió el primer borrador de su propio libro en aproximadamente una semana.

Traxler se inventó un personaje ficticio, Georg Ossegg, que era profesor y arqueólogo aficionado. Al igual que el famoso arqueólogo alemán Heinrich Schliemann, que había buscado la ciudad de Troya para demostrar la precisión histórica de la Ilíada de Homero, Ossegg estaba obsesionado con encontrar la casa de la bruja de «Hansel y Gretel».

En enero de 1945, escribió Traxler, Ossegg viajó hasta el pequeño pueblo de Steinau an der Straße en el estado alemán de Hesse. Allí conoció a un granjero local que se refería a los bosques cercanos de Spessart como «Hexenwald», cuya traducción sería «bosque de brujas», y le contó que abuelo había visto la casa de una bruja. Ossegg quería investigar más, pero con la Segunda Guerra Mundial recién terminada, decidió regresar a su ciudad natal de Praga.

En 1962, Ossegg volvió al bosque de Spessart y continuó con sus investigaciones. Dispuesto a encontrar el lugar exacto donde los niños habían sido abandonados por sus padres, llenó los bolsillos de un niño de ocho años con guijarros y le hizo caminar hacia el bosque mientras los dejaba caer por el camino. Con este experimento Ossegg no consiguió encontrar nada, así que lo repitió el mismo y, entonces sí, encontró un prado. De esta forma Ossegg concluyó que Hansel y Gretel no eran niños, sino adultos.

A continuación Ossegg se centró en buscar dónde estaba la casa de la bruja. Después de dos meses, encontró las ruinas de una casa que parecía ser la de la bruja y los cimientos bien conservados de cuatro hornos.

Dentro de uno de ellos, había además un esqueleto femenino parcialmente carbonizado. Ossegg también buscó el pequeño establo donde Hansel habría encarcelado por la bruja, pero no lo encontró. Sin embargo, sí encontró bisagras en la puerta de la casa de la bruja, y una de ellas estaba rota, así que llegó a la conclusión de que Hansel y Gretel habían irrumpido en la casa con violencia y la habrían matado y después tratado de quemar su cuerpo.

Ossegg hizo su descubrimiento más importante en una de las paredes de la casa, donde desenterró una pequeña caja de lata que contenía el lebkuchen carbonizado, un montón de utensilios de cocina y un trozo de papel arrugado que resultó ser una receta para cocinar el lebkuchen.

También hizo un análisis lingüístico del diálogo de la bruja en el cuento de Grimm, y llegó a la conclusión de que su dialecto era típico de Wernigerode, una ciudad en el estado de Sajonia-Anhalt. Buscando en los archivos locales, encontró el llamado manuscrito Wernigerode, un volumen encuadernado en pergamino que describe el juicio de una tal Katharina Schraderin, conocida como la bruja panadera, que tuvo lugar en 1647.

Se suponía que Schraderin había inventado su famoso pan de jengibre mientras trabajaba en la cocina de la abadía de Quedlinburg. Otro panadero, Hans Metzler, intentó casarse con Schraderin para obtener la receta, pero ella lo rechazó, lo que hizo que Metzler la acusara de brujería. Schraderin logró ser absuelta y decidió retirarse a vivir a una casa en el bosque.

Sin embargo, Metzler, acompañado por su hermana menor Grete, le siguió el rastro y después de encontrarla la mató. Los hermanos buscaron la receta secreta de pan de jengibre, pero no la encontraron. Más tarde sería juzgado por asesinato y solo consiguió ser declarado inocente inventando la historia de la bruja canibal.

Por supuesto, nada de esto era cierto. Pero el libro de 120 páginas aportaba como pruebas más de 40 fotos, lo que hizo que la historia pareciera bastante convincente. El propio Traxler había posado como Ossegg, vestido con una gabardina tipo Colombo, un sombrero de cuero, unas gafas de sol, unas barba falsa y un bigote.

Más adelante, una vez admitido el engaño, se supo que Traxler había falsificado el manuscrito Wernigerode y que los utensilios de cocina encontrados en la supuesta casa de la bruja provenían de la cocina de muñecas de su hija. El equipo que Ossegg había usado para analizar el lebkuchen estaba formado por una sartén, un cable de televisión, algunos tarros de especias y un microscopio.

Todo esto se supo a principios de 1964, pero incluso entonces muchas personas se negaron a aceptar que el libro fuera un engaño elaborado. En los meses posteriores a la publicación, la editorial recibió miles de cartas de lectores que exigían saber la verdad e incluso hubo quien denunció a Traxler por fraude.

A pesar de saberse que la historia que hay detrás del libro es mentira, ha seguido vendiendo cientos de miles de ejemplares a lo largo de los años y a día de hoy todavía existen personas que creen que la historia es real, lo que demuestra el enorme poder que tiene una buena historia.

En 1987, se hizo una adaptación cinematográfica con el mismo nombre del libro, protagonizada por el actor francés Jean-Pierre Léaud como Georg Ossegg y la cantante, bailarina y actriz Romy Haag como la bruja.

Fuente: Atlas Obscura.

Ver fuente

Arte Cultural